Colores

Son las 2:20 de la madrugada y después de más de dos horas, acabo de terminar de hablar con alguien que muy probablemente has sido tú. 

Después de mucho, volví a sentir como nacía una risa desde adentro y volví a sentir ese calorcito en el pecho, claro indicio de que no sólo alteras mi temperatura, sino también calideces mi corazón.

¿Será que sí eres tú? 

No lo sé, tú tampoco. Justo ahora, en medio de una pandemia mundial y sufriendo los estragos de una sociedad que a duras penas se mantiene de pie; he sonreído.

He sonreído oyendo tu voz, me han brillado los ojos al ver tus colores y me he sumergido en nuestras conversaciones, ignorando toda medida de tiempo, enfocada en esa dulce y peligrosa complicidad en la que nos vemos envueltos.

Solía pensar que era difícil volver a confiar después de tres años de individualidad casual y soledad ocasional, pero has llegado tú. Tan fresco como la brisa de mar, a recordarme que por mucho que luchemos por mantener la cordura y actuar sin premura, la confianza no siempre se gana, a veces sólo se entrega. 

Elijo confiar. Elijo creer. 
Te elijo a ti ahora, y si tengo suerte, en el siguiente amanecer.

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