Joana y yo en San Valentín

*Ninguna de las dos tiene novio, entonces decidimos pasar San Valentín juntas. Aquí, una parte de mi carta a Joana*


La tierna Joana y yo nos conocimos una cálida noche de Setiembre, entre bromas sobre la enorme cantidad de huevos que como al día y la relación amor-odio que ella tiene con el atún.

Fue amistad a primera risa. Ambas eramos devotas de la clase de funcional y cada día nos encontrábamos seis en punto para comenzar nuestros entrenamientos con Víctor. 
Poco a poco y sin planearlo, empezamos a llegar cada vez más temprano para "hacer un poco de cardio" antes de la clase, aunque la verdad siempre terminábamos conversando sobre nuestros días, nuestras noches, nuestros sueños, nuestros miedos, nuestras dudas y nuestros deseos.

Yo me había mudado recientemente a Santa Clara y Joana fue la primera persona a la que consideré una amiga de verdad. Entre nosotras no hace falta fingir, ni mentir, ni ocultar nada. Reconocemos nuestras virtudes y aceptamos nuestros defectos, no nos juzgamos, nos aconsejamos y nos apoyamos mutuamente.

Es mi compañera de entrenamiento y de la comilona posterior, cuando ya estoy cargando demasiado peso y siento que no puedo hacer ni una sentadilla más, siempre está ahí dándome ánimos. Cuando ella siente que no puede levantar más, le recuerdo lo fuerte que es. 

Estamos juntas en las buenas, en las malas y en las peores.

La quiero muchísimo, y a pesar de ser más alta que yo, es como mi hermanita menor. 
Aunque ahora por trabajo y universidad no nos veamos mucho, no hemos perdido esa confianza y esa complicidad que desde el principio nos unió. 

Agradezco a Dios por poner a Joana en mi camino y le pido a la vida que me de muchos años más para compartirlos con ella.

Feliz San Valentín, Joa bella! I love u!

Entradas más populares de este blog

Una tal Vic.

Dentro de mi.

Volví a ti.