La última carta
Mi amor, he aquí la última carta que te escribo.
Hoy, después de otra sesión de miradas esquivas y palabras cortantes, decidí dejarte ir.
Te seguiré extrañando, pero ya no se lo diré a nadie.
Te seguiré extrañando, pero ya no se lo diré a nadie.
Voy a seguir dibujando tu sonrisa en mi mente, pero no me detendré a contemplarte más.
Suspiraré recordando tus besos, mientras escuche una canción de amor y te miraré de reojo mientras finja ver la hora en el reloj de pared.
Cada noche, al salir, andaré sola por el camino en que solíamos caminar abrazados y me detendré en la esquina a la que no vendrás, recordando los momentos que alguna vez fueron lo mejor de mi día.
Diré que ya te olvidé, aunque aún no lo haya hecho y aseguraré que no me duele verte con alguien más, mientras por dentro me vuelva loca imaginando tus brazos alrededor de otra piel.
Y sé muy bien que no estarás. No más.
Tus ojos no brillarán al verme y tus manos no vibrarán al tocarme.
Tu boca no buscará la mia y tu cuerpo será indiferente a mi calor.
Mi presencia no alterará tus latidos y mi risa no te inspirará ternura.
Tus brazos no visitarán mi cintura y tu aliento no volverá a coincidir con mi piel.
Yo, por mi parte, seguiré escribiendo por ti, pero ya no para ti.
Mirándote a los ojos, te diré que todo ya está olvidado, que el nosotros es parte del pasado.
Mirándote a los ojos, te diré que todo ya está olvidado, que el nosotros es parte del pasado.
No me vas a encontrar en nadie, pero me vas a ver en todos lados.
Adiós, amor. Que tengas una noche hermosa y una vida feliz.
Que yo, seguro que la tendré, pero ahora lejos de ti.