Acariciando tu recuerdo

Hoy, como siempre, me acordé de ti y dibujé tu sonrisa en mi mente.

Poquito a poco, reconstruí cada pedazo de tan magnífica belleza, empezando por tus suaves labios, tus extrovertidos dientes y esa tímida arruga que se asoma en la esquina, como prueba fehaciente de las muchas veces que le has regalado al mundo el placer de oírte reír.

Tú me tienes. Te has apoderado de mi mente, de mis deseos, de mis razones.

No me retienes, pero siempre me quedo. 

No me posees, pero soy toda tuya.

Sabes que no eres mi dueño, pero estas seguro de que te pertenezco. 
He pasado ríos y atravesado valles y aún después de la más fuerte tormenta vuelvo a ti.

Me refugio en la profundidad de tus ojos y me calienta la dulzura de tu voz.

Me recuesto en tus manos y busco ávidamente abrazar la seguridad que solo sentirte cerca me puede dar.

Estoy encadenada a nuestras interesantes pláticas y me he atado a los anocheceres que compartimos en el balcón.
Me uní al eco de tu acento y me he fusionado con la manera tan única que tienes de conversar.

Te pienso tanto que duele admitirlo.
Te extraño tanto que duele recordarte. 
Te quiero tanto que estoy dispuesta a liberarte, de mi.

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