Repartir para multiplicar
SOBRE EL PLURALISMO, EL CONSENSO Y LA JUSTICIA
Recuerdo que cuando pequeña, mi momento favorito del 'día' era (curiosamente) la noche. La razón de esta afición nocturna la evoco ahora, más de dos décadas después, con una mezcla de dulzura y pena.
Mi padre, director de una escuela secundaria nocturna, era un hombre tan bueno como ocupado. Yo estudiaba en la tarde, por lo que salía rumbo al colegio al mediodía y regresaba a las seis; él, trabajaba desde las cinco, y volvía a casa a medianoche. Por la mañana el panorama tampoco era alentador, el tiempo sólo nos alcanzaba para compartir el desayuno y entablar conversaciones sobre lo que para mí eran acuerdos banales de hogar. Sin embargo, yo admiraba tanto a mi padre que no me bastaba sólo vivir, yo quería realmente convivir con él, por eso nunca escatimé esfuerzos en mantenerme despierta hasta medianoche para verlo, platicar y finalmente recibir dos preciados regalos: un tierno beso por haberlo esperado y la lectura de un cuento.
Al encontrarme meditando sobre el tema, vino a mi memoria uno de ellos, extraído y leído por mi padre de la maravillosa colección "El libro de los valores" (¡coincidencias de la vida!) del grupo El Comercio y que, si me lo permites, me gustaría compartir en resumen ahora.
Había una vez un rey tan poderoso como sabio, que reinaba en una ciudad que tenía un solo pozo de agua, de donde bebían diariamente todos los ciudadanos.
Una noche, mientras todos dormían , un hechicero encantó el pozo y dictaminó que todo aquel que bebiera de su agua quedaría irremediablemente loco.
A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino excepto el rey habían bebido del pozo. En las calles, no se escuchaba más que "¡El rey está loco!! No podemos permitir que nos gobierne" "Debemos destronarlo".
Entonces, el rey que podía estar muy 'loco' pero no tenía un pelo de tonto, miró al cielo, lanzó un suspiro al aire, llenó una copa con agua del pozo y bebió. Esa noche, hubo una gran fiesta en el pueblo para celebrar que el rey se había curado y había recuperado la razón.
Lamentablemente, no puedo decir que el cuento es real, porque la realidad resulta aún más inverosímil. Partamos de hecho que actualmente vivimos en una sociedad pluralista, pero ¿Qué entendemos por pluralismo? El mero hecho de establecer una definición rígida y a carta cabal, ya sería una distorsión de este pensamiento.
Sí, así de complejo.
Para explicarlo, puedo decir que la sociedad es pluralmente moral cuando en ella conviven diferentes maneras de vivir una vida feliz y plena. Esto significa que en este colectivo conviven muchos individuos que tienen diferentes maneras de ser feliz, y conviven en paz. Cada uno, dada su naturaleza multicultural, tiene una concepción distinta de lo que esto significa y aunque parezca una cuestión de sensibilidad, esto se debe en realidad a su propia cosmovisión, una que les fue transmitida y que seguramente ellos también transmitirán a sus descendientes.
Pero esta transmisión sólo puede ser posible cuando se comparten las bases y los fundamentos de la justicia y para definir estos fundamentos se tuvo que llegar al consenso de qué cosa era justicia.
Y es aquí mismo cuando llega la parte difícil del asunto, cuando nos cuestionamos qué es la justicia. Siguiendo mi lineamiento, me voy al contrario y voy a explicarlo diciendo que algo injusto es algo que consideramos incorrecto, inaceptable, perjudicial, algo que nos indigna, sin lugar a dudas. Sin embargo, sólo podemos hablar de justicia si lo que nos duele no es que nos indigne por nuestro perjuicio, sino también el del resto. Cuando decimos que un acto no es justo significa que no nos parece porque dicho acto no conviene no sólo para mí, sino para un colectivo, que vendría a ser mi sociedad, porque el sentimiento de justicia es extensivo.
Sólo lo lograremos si no olvidamos que siempre el diálogo es mejor que el monólogo, siempre el nosotros es mejor que el yo, siempre nuestro bienestar es mejor que el mío solo, y si tenemos claro que el amor y la felicidad son lo único que mientras más se comparten, más crecen.